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domingo, 2 de febrero de 2020

Sueño lejano, busco la llave

-Nath...

-Si, sigo aquí.

-Pero no por mucho.

-No, aunque la última vez fueron tres meses, ahora solo llevo aquí una semana.

-¿Cuánto duran los meses allá?

-Son más largos, usualmente aquí el tiempo es distinto, pero el tiempo allá es , mmh, lento. Sesenta días aquí son dos meses allá, pero la última vez que desperté fueron solo siete horas.

-Es raro su tiempo, pareciera estar desconectado al de aquí

-Más raro es loque aquí dura, no estoy seguro cuanto tiempo estaré de visita

Acabé la taza, el sabor me parece muy conocido, no es la primera vez que bebo esto...tal vez si preparara uno ... Sirvo de nuevo en la taza y la contemo, la porcelana blanca contrasta con la poca luz, las sábanas de azul pálido y el aroma a madera alrededor de nosotros.

-Allá preparo uno muy similar, más de uno...

-Puedes preguntar antes de irte, siento que te estas despidiendo de nuevo.

Su mano pasa por mi espalda, una semana en ésta villa, pero la encuentro hasta el último día, parece broma.

Doy otro sorbo, es una clase de té, no logro recordar bien donde lo he probado.

-Aún no logro encontrar la última llave, no he podido volver al bosque de origami, perdí a mi guía en uno de los portales , no creo que vuelva y ya he tenido tres visiones con ésta.

-¿Te refieres a mi? Son solo otros mundos, no te deberían preocupar, tampoco yo, solo era una posibilidad, ahora la misión es más importante, solo por aquí podía pasarte el mensaje. Viajas mucho en sueños, tuyos y ajenos. Veo que el amuleto sirve, para ser solo un trozo de latón.

Se recarga en mi espalda, sonrie y brillan sus ojos color café.

-Preguntame
-La llave de cobre...

-Ahí está esperando.

-Dejé al Wendigo entre portales, creo que llegó a un punto muy cercano a mi vieja casa.

El sitio empezó a erosionarse, grietas, polvo, se ha secado...como si incluso se marchitara. 

-Lo dejaste atrapado, ahora solo se alimenta del vacío de ese lugar pero no te encuentra, volviste a hacerle trampa...no vuelvas a entrar ahí si no es necesario, ya suficiente es que le arrancaras el cuerno.

Sonreí, es verdad, los otros wendigos no me detectan ni en sus bosques ni en la niebla desde ese día, pero he estado tan agotado que ni siquiera he viajado.

-Las visiones y la llave.

-Son diferentes, pero aún no preguntas nada.

El té se ha acabado al fin, dejo la taza en el suelo y me recuesto de nuevo, ella está a un lado, igual que hace dieciseis años, la almohada es azul pálido

y su espalda destaca entre las tinieblas del sueño.

-¿Hacia dónde giro la llave?

-Ah,  lo sabrás cuando aparezca la de cobre, ya sabes el giro, espero no tardes tanto, ahora duerme Nath (despierta Bram).


NathGoblin

lunes, 6 de agosto de 2018

Shhhh, es secreto.

Shhhh, es secreto.

No lo crees, pero sigo aquí, pero no como lo solías ver, sino un poquito más escondido.

Oh, ¿no se te había ocurrido? aún hago notas en las hojas que caen del los árboles.

Cada luna llena he hecho un hechizo especial, ya van trece en estos días...

He estado recolectando el agua de las lluvias.

Entre libros, café y tecleo en la máquina, sino, ¿qué es esto?

Aveces creo que dejo muy abandonado este sitio.

Bueno, no muy, sino realmente abandonado.

Recuerdo que solía hacer más notas digitales que las que hago ahora en tinta.

Era normal, siempre anotaba sueños a deshoras y tenía otro estilo.

La verdad, encontré algo inesperado hace tiempo.

¿Alguna vez te ha pasado algo así? ¿que descubres algo que ya sabías, pero en realidad no del todo?

Por ese entonces creí que eran cuentos.

Ucronías de un mundo y sueños del otro.

Entonces comencé a escribir en una vieja máquina de escribir, y ahí volvió a mí.

Retornó a mí la sensación de algo que no había hecho antes, tal vez, o no lo sé.

Tiene ese atisbo de sueño, de realidad, de extraño suceso nocturno y de memoria olvidada.

¡Ah!, pero recuerda, es secreto, así que dejo esta nota aquí, por si lo descubres. 

viernes, 27 de octubre de 2017

Creer



-¡Eh, niño, no te alejes tanto!- se escuchó de una voz adulta tras un chiquillo que jugaba entre los escombros de una casa de tabiques. 

El pequeño hizo caso omiso del adulto (bien hecho) y caminó hasta haber creído escuchar algo. 

Volteó a sus lados y al pie de un árbol vio algo brillante. Acercándose poco a poco, empezó a escarbar entre las hojas y la tierra.

-¡Genial, un escudo!- Gritó de emoción al haber encontrado lo que quedaba de una tapa para rin. La empuñó y le dió varios golpes con una gran vara de madera.

-¡Ahora si soy todo un guerrero!- exclamó al retornar con el resto de niños, todos estaban jugando e imaginando historias imposibles.

Conforme iba alejandose, las hojas alrededor del árbol se agitaban. Detrás del tronco se parecía haber una figura en armadura con una espada colgando de su cinto. Con la mirada luminada , sus ojos siguieron al grupo que jugaba y correteaba de un lado al otro blandiendo varas de madera y al que usaba escudo.

-Nos volvemos a ver- Pronunció una voz que quemaba las hojas secas a su alrededor.

-Tan solo es un niño-  Respondió suavemente el caballero.

Dando la espalda a ese momento, el caballero se alejó junto al dragón y se desvanecieron tras una cortina de polvo y viento.

sábado, 14 de octubre de 2017

Consideraciones serias sobre un título...

Llevo meses, si no es que más, con un título en mente para el libro dos. Sin embargo, he ido pensando, ¿por qué no probar con otro?

¿Será el apego a esa "idea genial" lo que me ha detenido de reconsiderar realmente?

Creo que sí, ergo, he de modificarlo, retorcerlo, hacerlo cachos y ponerlo bajo la cama. Tal vez barrerlo, reencontrarlo, unirlo con pegamento y tachonearlo.

¿Es dificil el cambio? Siempre, y creo que de ahí radica la mitad del trabajo de un escritor, pues todos somos una bola de obsesivos compulsivos apasionados que lo quieren todo a la primera, o de segunda mano. Solo poniendo en tela de juicio ,  nos damos cuenta que tal vez vale la pena pulir, pulir, y volver a pulir algo hasta que debajo de todo encontremos una pizca de brillo.

Así que, haré modificaciones hasta que encuentre la idea, trabajaré en ello mientras reordeno los capítulos, redacto y paso el borrador 1 a borrador 2.

By the way... ayer fuer viernes 13, soñé que soñaba, pero mientras estaba dormido, mi otro "yo" dormido estaba redactando. Cada tanto le preguntaba el yo despierto al otro que qué opinaba de tal o cual detalle del nuevo libro. El yo dormido no respondió mucho, al final se escondió abajo de las cobijas dejando al otro yo trabajando solo. 


jueves, 31 de agosto de 2017

Mi libro en Amazon

Tras largo tiempo prometiendo, asegurando, trabajando, redactando, revisando, cargando y muchos más "andos", finalmente mi novela en Amazon, en Rústica y en E-Book para toda la raza. Una historia Infernal que sin duda sé que a muchos les gustará. 

 



jueves, 24 de agosto de 2017

Promo de la Novela


Tony había muerto, pero eso fue solo el principio de sus problemas. 

Sin deberla ni temerla, ha llegado a las profundidades de un Infierno sumido en un caos ordenado, donde las calderas parecen oficinas llenas de secretarias más preocupadas por su papeleo que por el castigo eterno.

Acompañado por Fausto, una vieja alma en pena, y Lilibel, una pequeña que es mucho más de lo que parece, Tony emprenderá un viaje en las profundidades del abismo, buscando lo que está perdido y de paso, salvar su pellejo.

Una novela de aventura, humor y personajes endemoniados donde ni siquiera el Diablo está exento de salir corriendo.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Libro

Hoy lo llevo a empastar, volúmen "0" y volúmen "1"

Y ahora,  sigo en la búsqueda de editorial para que se agarre por el gran camino, puede que haga una edición temporal, una editorial que haga un tiraje de unos cuantos libros para compartir, vender o hacerle promo, buscarle su sitio en la vasta cantidad de letras que existen.




Aún así, después de este año de viaje me sigo preguntando:

¿Cómo dibujar en una libreta mágica...?

martes, 19 de julio de 2016

Hacia la incertidumbre

Ahora sí creo que le debo unos tres árboles más al mundo, ya los plantaré. Por el momento trataré de entender ésta sensación, pues nuevamente me arrojo al vacío, al viento, al aire.

No sé a donde me lleve esta ocasión, han sido 169 (7) días intensos donde no me he dejado caer, donde he luchado contra mí mismo y contra el resto; noches de esfuerzo y un torrente de letras que me golpearon una y ota vez.

 



La Cabaña está vacía,
El Puente ha caído,
La Torre en ruinas,
El Desierto aguarda,
La Puerta abierta,
La Oscuridad se remueve...





Al final de cada una está la flama, violácea, danzante de la noche, llave oscura, sueño de plata.

Creeré en ello, una vez más...no se otra cosa. Sé que si emprendo el vuelo, por las noches volveré a escribir. Sé que si vuelvo a caer, ahí mismo me pondré a garabatear letras ilegibles, una a la vez y éstas me contarán una historia, una nueva historia.

lunes, 11 de julio de 2016

Trago de agua.

Viajante al otro lado del cosmos,
a la oscuridad del universo, respondo;
caminante sobre estrellas y planetas lejanos,
danzante por las sombras de resplandores olvidados.

Me vierto a mí mismo sobre este tonel que suelo ver cada noche,
allá arriba en ese firmamento, en ese acrílico psicodélico, brillante se aleja,
brillante se quema, brillante se hace polvo de estrellas, en super nova agonizante.

Cierro los ojos...falso, los abro como nunca antes, los abro de par en par, deseosos, sedientos,
añorantes del viaje, vibrantes ante la certeza de la nave espacial, del cohete que está por despegar.

Tres,
Dos,
Uno,
Despegue.

De pronto, viajo más allá de mi ser,
dejo atrás mi viejo cráneo que se desmorona,
se vuelve arena, perdido al viento, arena en el mar.

El cerebro no está ahi dentro, tampoco hay más órganos,
fueron los primeros en cambiar, en prepararse, cuatro simples vacijas,
y en una tabla de silicio, todos juntos en este cuerpo, el nuevo modelo que tengo.

La ignición ya pasó, puedo ignorar el traqueteo usual, los golpes en el casco, la turbulencia inicial.

Chequeo de condiciones, todas las explosiones correctas, todos los impulsos necesarios, incluso creo que no se ha desarovechado ni un poco la fuerza con que fue arrojado todo a través de la atmósfera.

Abro mis ojos, veo el cosmos, ya no es un acrílico, ahora la acuarela se va moviendo, se disuelve a mi paso, mientras, la ignición sigue a toda potencia.

No recuerdo nada más bello que el mundo abrirse, desgarrarlo un poco para dejarlo atrás, romperle como vieja botella al caer. Ahora ya es la inercia, presiono los botones indicados y se abren las velas;
surco el mar, me golpea el agua a cada costado al girar a babor y estribor.

Caigo de mi cama...

-Caray, no debí dormirme a la orilla - Me dije al sentir el frío suelo y el polvo haciendome estornudar una y otra vez.

Voy hacia la mesita de noche, tomo un trago de agua de un vaso que dejé antes de dormir y relajo el cuerpo, la nuca, la espalda, los hombros y la columna.

Una mirada, solo una ligera a la ventana antes de volver a descansar.

Fuera está Ganímedes, de nuevo, y pienso en la siguiente estación espacial.

Tres horas de sueño, antes del despegue.

lunes, 6 de junio de 2016

Hope Fire

La brisa en mi rostro,
nada más que una memoria,
solo un pensamiento que evoco en las noches de verano,
notas a lápiz.

Caminé al exterior, para ver la noche, las estrellas, al ares y al antares brillando en rojo resplandor.

Quería algo extra, el resto yace en más de doscientos recuerdos, pensamientos y venturas. No hace falta mucho más, el camino se ha dado en unos meses... pero son solo la proyección, la locura de arrojarse desde un edificio.

Pero la edificación tenía tiempo.

Han sido ya más de cuatro años los que han pasado, de alucinar un viaje a rememorar y escribirilo.

Unos días más, breves en esperar para algo, puede que finalmente sea algo, puede que sean otra flama efímera y brillante.

Sea cual sea la posibilidad, una gran antorcha o una leve flama, lo que sé es que veré más allá de la oscuridad por un momento.

Será la caverna, la catedral, la biblioteca, la torre, la habitación, el bosque, el portal...uno se mostrará aunque sea por un instante.

Flama efímera, fuego violáceo, portadora de luz, dame un solo parpadeo justo donde estoy.

miércoles, 20 de abril de 2016

Jarrón

Soñé con soles negros en un mundo demasiado luminoso.

Desperté y fuí por agua a la cocina, pero me perdí en el camino, justo en la esquina entre la sala de estar y la puerta que daba al exterior.

Caminé, no por largas y eternas horas, pero sí por un rato, fuí buscando la cocina, tenía mucha sed.

Encontré un pequeño riachuelo, "Qué raro" me dije, "No recuerdo que tuvieramos un riachuelo  en casa" y bebí un poco de él.

Agua fresca y de bosque, sabía a vida, a magia, a lo que bebían las ninfas y los goblins ( nunca elfos, son demasiado pretenciosos).

Volví por donde llegué al riachuelo, esta ocasión confundí el camino y entré a la cocina. "Qué raro, bueno, es el sueño seguramente, debería volver por un poco más de agua, solo por si la sed vuelve".

Tomé un jarrón decorado con un rostro y colores, no recordaba que lo tuviera en casa, pero era el único a la mano. Fuí hacia el riachuelo y lo llené de agua. Para ese momento el sueño me estaba ganando, así que le dí oportunidad de volver a abrigarme.

Soñé con soles negros en un mundo demasiado luminoso, tomé cada uno de ellos y los bañé en el jarrón con agua.

Fue cuando los devolví al cielo cuando noté algo extraño.

No sé si fué un error, ahora tengo tres soles brillantes allá a lo alto, mientras el resto del mundo se cubre de sombras.

martes, 29 de marzo de 2016

Notita

Está en el fuego.

Justo ahora.

Mientras, vuelvo a este rincón mío.

Se está haciendo en el fuego.

Se moldea.

Empiezo a escucharle respirar.

Solo vengo a hacerme una nota.

Una pequeña nota.

Suave como la brisa.

Refrescante para cuando haga falta.

Está moviendose, allá en el fuego.

También danza con las flamas, le gusta el calor al que le he puesto.

Vine a hacerme una pequeña nota.

Aunque también es para eso otros ojos.

Que de vez en cuando asoman la mirada.

Una nota en mi esquina de Pirata.

Un recuerdo para el Goblin que Viaja.

Una nota de que estoy en la cocina.

Sigo aquí.

Jeje.

No olvides apagar la flama.

Pero hazlo después.

Justo cuando esté lista.

Mientras, recuerda que sigo aquí cerca.



miércoles, 11 de noviembre de 2015

Rupestre

Perseguí trece días la luz por toda la ciudad. Finalmente la perdí en medio de un callejón de paredes marchitas y puertas cerradas.

Desistí.

Decidí no desistír un instante después de pensarlo. 

Le pedí a un amigo prestada su casa de campaña y volví al mismo lugar donde aguardé a encontrar la luz o alguna otra señal pero ho hubo nada.

El sueño se reveló a la octava noche de frio, cansacio, desvelo y latas de atún vacias en el callejón.

En él, había una figura casi humana danzando alrededor de la puerta, dentro y fuera de ella, jugaba con una esfera, pero no un cristal ni pelota, sino la forma real de la esfera de luz que yo buscaba.

Esa misma mañana me hice de una tiza y recordando las sombras que quedaron en mi mente esa noche, dibujé la figura que brincaba y danzaba entorno a la luz.

La tarde golpeo con su calor y luz todo el callejón, por lo que nadie, fuera de mi, notó el brillo saliendo de la puerta bloqueada con cemento. La figura se movía en la pared, danzaba en dos dimensiones alrededor de la puerta ahora iluminada por la esfera. Esta giraba y revoloteaba en su mismo sitio.

Quize tocarla.

Traté de ir hacia ella.

La puerta se abrió con la luz de la esfera, el danzante me tomó de la mano y me jaló hacia el nuevo portal creado en la luz.

Desperté a la mañana siguiente exaltado, la luz me había llevado de vuelto al origen, a casa. Tomé la antorcha y volví a mis pinturas en las cuevas. 

Ya había logrado hacer casas, animales y personas, la cacería, la pesqua y nuestros cultivos habían empezado a funcionar y el hechizo seguiría... siempre que las cuevas estuvieran pintadas con todo ello. 

"Cada pintura crea el mundo...", eso decía el chamán, "sin animales, no hay caza, sin peces, no hay pesca, sin hombres, desapareceremos".

La pregunta ahora era, ¿cómo pintaría el portal y el futuro?


miércoles, 27 de mayo de 2015

Fuera del Bosque del Error.

Tiempo.

Camino del reloj.

Andares del movimiento.

Tic Tac en el libro de cuentos.

Mientras el relojero repara el segundero,

el Goblin escarba bajo las raices del los árboles,

encuentra la llave de plata bajo el sáuce cercano al río,

y aunque no es ese cuento en particular, parece solo una memoria;

recuerda el momento en que el cielo se partió en dos,

cuando las nubes parecían caer sobre la tierra,

algo como letras cayendo desde arriba,

despertó sin saber bien porqué,


en el suelo de la librería,

un poco torcido,

pero vivo,

libre.






Estaba fuera del cuento.

viernes, 1 de agosto de 2014

Despierta Tirrlian

Cuando llegó a la puerta de entrada, los guardianes habian partido.

La sensación era un tanto abrumadora, en cierta forma era esperada. No importaba el medio, nave espacial, transportador galactico, el tiempo no era importante.

Nunca lo acoso el tiempo, era lo que menos le importaba, de todos los viajes, búsquedas de tesoros, misiones y encomiendas, el tiempo solo le fue un aditamento, un posible pensamiento abstracto.

La puerta cerrada. El viajero se sento en el pórtico cuestionandose. Frente a él, una sombra burlona se formó.

-Lo tienes merecido Khali, esto lo tienes por recompensa por desertor.

El viajero sacó su arma y disparo hacia la sombra, dos, tres disparos. Solo se mancho el suelo.

-Ya no hay vuelta atrás, la puerta no se abrirá.

Era cierto, en la mente del viajero pasaron largas horas de trabajo tras la puerta. Tiempo invertido, la mente consumida, habilidades que aprendió con esfuerzo. ¿qué era lo que importaba?

-Te han dejado fuera, en el espacio - la sombra se regodeaba en burla. - Es el precio de tus errores, tu vanidad y capricho, por burlarte del tiempo.

¿Podria ser cierto?,¿tanto habia reincidido y su penitencia era hna puerta cerrada?...

-No...

-¿Qué?- la sombra se alarmó, habia perdido algo de su obscura forma.

-No lo creo, ni siquiera debí volver aquí... mi capricho, mi vanidad me hizo volver; pensé en volver a una maldita cueva, porque era segura, porque me resguardaria, era alimento y un techo que no tendria que buscar nuevamente.

La sombra se agito más, no debia inspirarlo, quería su culpa y esta se iba desvaneciendo junto con ella.

El viajero sacó su arma y nuevamente disparo, la cabeza proyectada de la sombra estaba justo en la puerta.

Un hueco en la entrada y la sombra se fue. El viajero vió a traves de la ranura... dió media vuelta y observó las estrellas.

-No tiene sentido, si me pierdo en la culpa, o si hubiera entrado, estaría en las sombras. Ver más, no quiero encerrarme de nuevo. Lo desaba tanto... que deje de pelear por mi y fui en contra de mi ser.

Khali se levantó de un golpe, volver y quedarse en coma, lejos de todo. Se acaba el viaje.

-O tal vez...-

Fue hacia su nave espacial, subió a la bóveda y se reclamó a sí mismo.

Del otro lado de la galaxia, Khali abria desesperado los ojos.

La silla de rudas cayó a un lado mientras su desesperación por caminar y alzar los brazos lo tiraba al suelo.

La sombra estaba ahí, siempre podria ver hacia la puerta.

Khali se levantó en ese momento. Sentía hambre, sentía su cuerpo atarantado, pero sobre todo, sentía el deseo de emprender nuevamente el viaje.

Despierta

jueves, 12 de junio de 2014

Lejos, en un onírico de paso.

Me encuentro en una amplia sala llena de ogros, miro hacia uno de los rincones y veo la gran cantidad de jarrones que hay.

Un poco de curiosidad, solo con eso me basta para levantarme de mi asiento, rodeando a los ogros mientras siguen leyendo sus periódicos o haciendo números con ábacos. 

Me asomo en uno de los jarrones.

Hay un campo largo y dorado, parece un campo lleno de trigo o tal vez sea maíz, se ve lejano y atractivo.

Después de haber echado otra mirada a los ogros, me vuelco hacia el jarrón, arrojándome al interior. 

Una vez en el suelo, diviso el campo sembrado a mi alrededor, pero también escucho música cercana.

Al morir el día, llego a un pequeño pueblo que se encuentra al centro del sembradío, como un gran ojo obscuro, mirando hacia el cielo. 

Las danzas se perfilan en los alrededores, cada una en su fogata improvisada con madera y recuerdos.

Queman todo lo que debe ser quemado, al ayer se convierte en la promesa de una noche más, puede que haya un amanecer al final. 

Se encienden  los fuegos en los callejones y plazas, iluminando así un pueblo de rocas negras.

Un pueblo pequeño, perdido entre los largos valles dorados por el trigo y el maíz; un lugar sin murallas, castillos o torres vigías. Un par de molinos y el resto era un pueblo de rocas negras que cubrían chozas de adobe. Las pocas cabañas se confundían con la roca por sus maderos gruesos y obscuros.

Es una noche normal, de las que acontecen entre las lluvias y sequias. Tan solo las invocaciones comunes, danzas, música y hechicería. 

Las llamaradas arrojan humo y cenizas; los instrumentos, con sus cantos guturales y percusiones, se confunden con el bullicio y los gritos de los pobladores. Hay quienes observan a los danzantes, hay quienes solo se acercan a los músicos, y otros solo se refugian en las llamaradas.

Mientras, los danzantes siguen.

Seres humanoides, féminas y monstruos ataviados en seda y pieles, pintados de pies a cabeza, invocan la noche. Bailan por la lluvia, bailan por la sequía, por nieve, pos la noche, por el atardecer y el amanecer. Cada paso que dan es para imitar la danza de las estrellas, cada gemido es por el viento y sus bocas hacen todo tipo de sonidos de vida y muerte, las más fuertes emociones, danzan por las pasiones que arden en el fuego, memorias desvanecidas.

Noche atravesaba todo el carnavalesco suceso. Miraba las rocas negras girar, y pequeñas estrellas artificiales estallar en súper nova para el deleite de todos. Lilibel sigue sentada en su cabeza, llevan ya un buen tramo de viaje recorrido y necesitan descansar un poco.

Les gusta este lugar, pueden sentarse hasta el amanecer viendo el desfile quimérico. Un panorama tranquilizador en un mundo de monstruos. 

Siempre me topo con Noche en estos lugares, compartimos un gusto por la música y las noches taciturnas, nocturnidades acompañadas de brujería.

Elijo un pequeño taburete cerca de danzarinas y goblins, hay suficiente luz para garabatear algo en mi libreta. Noche elige un árbol para descansar recargado en él; duerme en el umbral de los oníricos bosques, más ahora que viaja hacia la torre blanca con Lilibel.

Es un pueblo de paso, siempre alberga a quien quiera quedarse unos días, o una noche, todo el que lo desee puede danzar, dormir o soñar. Un sitio de descanso para la mente, reposo de espíritus, refugio de viajeros. 

Muchos recurren a este pueblo cuando sienten el paso desgastado, para sentirse acompañados por otros que hacen su viaje  y necesitan danzar.

A final de cuentas todos danzamos, juntos en la oscuridad.

Dreamless, Sleepless

No del todo despierto, solo caminando en un sonambulismo aparente en los pliegues de este mundo.

A ratos ni realidad me parece.

La sensación de pesadez, de cansancio sobre mi cabeza me cuestiona si realmente me encuentro aquí, ¿Por qué siento que aún duermo?

Puede que en realidad sea así, una parte de mí se quedó dormida y sigue soñando, eso explica los colores extraños que estoy viendo, también explica el cómo siento este día, mi energía está dispersa en otro cosmos onírico y no está a la mano para trabajar o moverme aquí.

Si está dormida esa parte, qué estará soñando? ¿habrá seguido la historia que dejé a medias por la mañana?, ¿sigue viajando hacia el noreste buscando nieve?, ¿busca torres lejanas en el horizonte?, ¿hay algún valle que esté cruzando?...


¿O seré yo la parte que está dormida y soñando...?

martes, 11 de junio de 2013

Mi Steam-Cannabis

De miradas perdidas en el horizonte, una vuelve y se vuelca en el matiz del paisaje. Dentro del muy variado y

maquillado horizonte, se incluyen tonos delirantes entre los que destacan los púrpuras, verdes y azules kamikaze.

Recuerdo este sueño, es el que tuve alguna vez cuando era pequeño, pero me dijeron que no podía todo ser color verde intenso y le puse otros colores para que creyeran que estaba cuerdo.

Y creo que estoy cuerdo, solo que no concuerdo a la hora de ver los tonos que me devuelve la mirada en el entramado alejado de la pupila y que se reflejan con tanta confusión junto con los sonidos y los movimientos.

Pero primero vayamos a cómo es el horizonte.

Recuerdo bien como entraba  la luz por la pupila, esa cosa que se pegaba en el cerebro, se desbordaba por transducción a las neuronas y se revolcaba en pedazos en los hemisferios. A veces el cuerpo calloso interviene y le da algún nuevo matiz, sustituye uno que otro engaño con tonos más veraces y cuando hago esto de recordar, me vienen a la mente esos delirios fugaces.

Arrancando unos cuantos trozos de tierra, los pego en el cielo para darle algo de tridimensionalidad, para que haya algo más que tocar con la mirada, e igual, arranco del cielo algunos cuantos gramos y se los aviento al agua, como si fuera limonada y la agito para que el oleaje haga sombras y más formas.

Respirando mi Steam-Cannabis, sueño que me veo en sueños, preguntándome lo que es etéreo, destilando lo real del onírico pensamiento.

No es que el mundo sea bárbaro y violento, solo diluyo la supuesta verdad en un líquido ámbar con tonos de anís y ajenjo, el cual dejo en una olla hirviendo mientras me suelto a los pensamientos en un desván viejo.

Siento que esas ideas son algo inciertas y volátiles; que no es que sea verde o amarillo, solo que es violeta confundido en un prisma sin brillo.

Son ilusiones que crean los que han perdido el sueño y vagan en un mundo de sombras, limbo de los atestados por sus pesares, temerosos al acecho en sus reales pesadillas.


Repongo la caldera y pongo algo más de ámbar, por un momento creí ver un atisbo de terror asomándose por la ventana, pero era de esperarse que entre sueño y sueño se pierda un poco el efecto.

Ahora solo es que me diluya en pensamientos de coloraciones parpadeantes que, danzando, brincan del suelo y se desmayan en el firmamento.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Un portal



Prefiero mil veces a los ángeles caídos, que tus carencias, ilusiones y promesas perdidas.

Brujas, monstruos, goblins, demonios, me habito y habitúo entre ellos, en la noche y su opulencia, en la perdición sin memorias, solo dejo que sigan con su danza nocturna, que prevalezcan.

Que quede este ardor en la espalda, ojos rojizos por cansancio, resaca tras la noche, ensoñación y recuerdo; el aroma carniforme, la desmesura de la memoria.

Sentir escozor en el cuello y la vibración aún punzante en mis oídos, sordera metalera, fierro, hierro en la sangre que me mueva.

Pensar en el día anterior, antes que abandonarme al silencio y la penumbra.

Que no eres más que sangre en mis recuerdos, de las agonías varias; llegas a ser la nocturna y centelleante  a la que temo al ir a dormir, a la que añoro al despertar.

Me niego al día brillante, nefasto sin ser tú, luz, un vil y mísero engaño.

Rechazo al sueño, pero más a la puerta.

Solo la muestra  onírica y nevada, un leve y risueño sonido que más allá de la caída sobreviene, más real que de la realidad perdura.

Aquella entrada, decorada por sauces y vientos otoñales, donde los sonidos del viento resuenan en canicas chocando entre sí. Ese portal viejo que labramos durante el invierno, el que logra abrir los bosques eternos, sus lagos frescos, sus ninfas y sus elfos.

Creía que era temporal, pero te mantienes como pieza de esta misma esencia, eje de pasiones desenfrenadas, ideal y deseo, daga en el costado que me resta energía vital y al mismo tiempo, un delicioso dolor que me provoca seguir las letras y los sueños.

Carencia eres, olvido de mi bien y sentido del desamparo a la noche de invierno.
Olvido y sequía, una oleada, maremoto destructor, benefactor de la naturaleza, pero la perdición al final de todo.

Y perdura… lo que perdura es ese olvido, el viento gritando, desgarrándose en realidades alternas, vislumbre de horas taciturnas. Susurros de la tierra. Guturales cantando a ritmos desenfrenados, guiándome en el camino de la noche.

Y sigo esa vía nocturna, el camino de las diosas y las brujas, las pisadas de Na’Ammah aún frescas en la hierba.

Temblor.

Y cantan…

Gritan…

Proclaman el fuego, llenan el firmamento de humo y sombras, acarrean los hechizos y los demonios, atraen la energía y suspiros incluso de entre los muertos.

Ni siquiera se puede tocar, son las palabras al viento, una idea arrojada al vacío en caída, el frío en los dedos mientras redacto.

Última esperanza es despertar, darme cuenta que estoy en la calle verde, ese mundo lejano; una vecindad creada en la cuerda cósmica vibrando a desmedida velocidad.

Solo brillante por un choque ultramar en un firmamento blanquecino, ese momento en que ambos dejan de existir, se funden, y en un atronador rayo queman todo lo que se encuentra alrededor.

Ese aroma cenizas y fuego, todo resplandece y las raíces de la ceiba se abren.

¿Un portal? , ¿Angustia? , cuando camino en ese lugar, no importa la estación, encuentro el camino indicado, es el mundo real.

Dejo la sombra y cierro los ojos con fuerza.

- - -Natanael - -

domingo, 4 de noviembre de 2012

Debraye Fungi



Solo quiero tener unas letras para mí mismo, luego torcerlas un poco y poder mostrarlas a otros.

Después quisiera poder volverlas  a mis manos y arrojarlas al suelo, recoger sus fragmentos rotos y unirlos en una cubeta con papel y pegamento, arrojarles fuego, madera, plásticos, puede que algunas pinturas para que los colores brinquen entre tanto caos. 

Con martillo y clavos les uniré las partes que no saben cómo encajar con el resto, otras se van fundiendo y moldeando, y las que aún se resisten al proceso se verán inmersas en el pegamento y la pintura que se seca desde el fondo de aquel recipiente.

Semejante monstruo que acaban siendo tras tanta revoltura, pero serían mías esas palabras una vez más antes de fotografiarlas y subirlas a la red para que algunos las vean, otros pasen de ellas y muchos más ignoren su propia existencia.

Imprimiría esas fotos y junto al monstruo deforme en la cubeta, llevaría todo al jardín y trataría de hablarles más, escribir en los contornos, en los giros y las puntas; hablar de ese monstruoso contenido de ideas que se empieza a volver una pequeña vorágine que sigue consumiéndose a sí misma y sus ramificaciones.

Nuevamente recurriría al fuego, quiero ver a esas letras arder, gritar desde sus sombras entintadas, ver como se retuercen y corren de un sitio al otro, alejándose del humo, alejándose del fuego y los contornos marchitos; quiero ver como caen desde la parte más alta de ese monstruo hacia la parte baja de la cubeta entre llamaradas amarillentas y verdosas contaminantes.

Ah fuego, lo has dejado hecho todo cenizas y desastre, pero es perfecto en su deformidad, son letras que se ven perseguidas, destruidas, purgadas, quemadas y ahora junto al resto de la cubeta las arrojo en una fosa común junto con tierra, hojas secas, huesos rotos y piezas de ajedrez.

Cubro la tumba y riego  la tierra removida con agua, desechos tóxicos y algo de jerez para ver que pueden hacer esas quemadas letras.

Un temblor me avisa que están vivas, o cobrando nueva vida, pero pensándolo un poco mejor, quiero creer que algo surge desde dentro de tremenda mazacote de cubeta quemada y tantos adherentes que arrojé sobre ella.

De las profundidades empieza a surgir un tallo que se abre de pronto como una sombrilla. Es verdad, no podía esperar un árbol de tanta mezcolanza, pero un hongo gigantesco tiene tanto más sentido…
Los poetas y los científicos suelen quedarse dormidos bajo árboles. Hacen esto, creo, para que les susurren en sueños los secretos de las profundidades, un mundo natural alabado en versos, un mundo entero lleno de misterios que la ciencia desea con garras, métodos y experimentos.

Mientras los filósofos se arrojan al suelo a ver el cielo; ven tantas formas en las nubes que todo les parece efímero y hablan de cuevas, sombras y de un sentido carente de sí mismo y desperdigado por ahí en pequeños trozos a lo largo de nuestro supuesto universo.

Pero ahora me encuentro frente a un gigantesco Fungi, un rey natural de un reino más extraño que el de los animales y las plantas. 

Los poetas lo alaban, pero agobian con tantos versos, métricas y sus tan comunes depresiones dentro de vasos de coñac. Ahh, pero los científicos cómo se centran en comerlos, sí, se alimentan de ellos y los ponen en libros, lo hacen para sentirse listos, pero si alguno les cae más extraño/pesado y les lleva en un viaje inesperado, se vuelven filósofos y siguen en su mundo efímero.

En lo que unos y otros resuelven que hacer, me sentaré a su sombra, recargaré el cuerpo en el tallo y tomaré una siesta que me lleve a un sueño.

Ese sueño es donde están mis palabras, mis letras y mis tan maltratados, usados y reusados deseos. Surgen desde una tierra no tan profunda, mutan con las toxinas, se tambalean con el jerez  y fluyen como el agua que les dejó nacer.

Fuego y el humo las enmascararon, ahora las veo crecer y montarse en diversas partes con todos los pigmentos, plásticos, clavos y maderas que arrojé con ellas.

Hacen siluetas y formas.

Y me hundo desde este pequeño alfa a un gamma, mis ojos entrecerrados ahora se abandonan del mundo y se abstraen, caen a lo largo de un gran rio y veo las ciudades verticales formarse de recuerdos y contenidos de mi cerebro.

Ahí están los libros y sus constructos junto con sus tapas y sus palabras,  a un lado están mis recuerdos y entre ellos nudos y enredaderas, puentes de ideas y del tiempo en que se fusionan unas con otras.

Una sombra se arroja a la distancia y planea con sus brazos y piernas alrededor hasta volverse y caer en picada al fondo del sueño, el sitio hacia donde aparentemente voy.

Ese pequeño momento en que pasaste cerca de mí, lo entiendo en tantas abstracciones como el léxico me lo permite; ese sueño donde te vi y te besé con tanto deseo, es tan verdadero como la alucinación que me causa dormir cerca de este hongo, pues sé que es sueño y sombra de una caverna, producto de mis neuronas atrofiadas y confusas en estados delta, producto de mis palabras tan deseadas y escritas por todo mi Neocórtex. Pero creo en esa caverna y la luz fuera de ella.*

Creo, ahora que lo pienso, que el cerebro se parece a un hongo y las palabras son sus más de mil efectos y formas, las sustancias que contienen los debrayes  a los que nos arrojan de repente.

Despierto y el hongo de ha ido.

Busco la tierra removida, pero el pasto y las rocas cubren todo, como si nunca hubiera existido. Hay hojas con notas tiradas por todas partes y recuerdo que perseguía las hojas arrasadas por el viento.

Finalmente las he recuperado todas, o casi todas, aún resta una tirada.

La levanto y una pequeña sonrisa viene, la hoja está en blanco, pero las letras húmedas se traspasaron al pequeño hongo a un lado.

- Natanael -