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martes, 19 de julio de 2016

Hacia la incertidumbre

Ahora sí creo que le debo unos tres árboles más al mundo, ya los plantaré. Por el momento trataré de entender ésta sensación, pues nuevamente me arrojo al vacío, al viento, al aire.

No sé a donde me lleve esta ocasión, han sido 169 (7) días intensos donde no me he dejado caer, donde he luchado contra mí mismo y contra el resto; noches de esfuerzo y un torrente de letras que me golpearon una y ota vez.

 



La Cabaña está vacía,
El Puente ha caído,
La Torre en ruinas,
El Desierto aguarda,
La Puerta abierta,
La Oscuridad se remueve...





Al final de cada una está la flama, violácea, danzante de la noche, llave oscura, sueño de plata.

Creeré en ello, una vez más...no se otra cosa. Sé que si emprendo el vuelo, por las noches volveré a escribir. Sé que si vuelvo a caer, ahí mismo me pondré a garabatear letras ilegibles, una a la vez y éstas me contarán una historia, una nueva historia.

sábado, 15 de diciembre de 2012

κάθαρσις : Eleos y Fobos al fondo del escenario.


Έλεος

Φόϐος


Se presentan en par, sea en conjunto o hacen fisión en uno, pero se mantienen juntos al momento de invocarse. 

Se evocan y sitúan sobre escena para librar de ataduras, líneas y engaños.

Montan guardia a los lados, evitan que los invocadores caigan presas de extremos.

Y llevan a la audiencia a la purificación. 

Sin ser fuego, es una llama ardiente, calienta corazones y rompe corazas, corroe engañosas pinturas y da el mensaje que es deseado escuchar.

Phobos que aterroriza; incertidumbre y pánico ante audiencia, cristalización de los reflejos deseosos de los espectadores.

Eleos que cura y mima; caricia, hija de Noche y Erebo que ahuyenta dolores, penas, ansiedades y furias.

Me abandono a ambos desde la hora de las brujas hasta el próximo Hëxentanz.

Y espero ese momento en que cambia todo, en que el color, el aroma dejan de ser de éste mundo. La misma sensación con que se transforma la realidad, en que se abre el portal y escucho al viento sobre las copas de los árboles, en el correr del río, en la montaña lejana y lluviosa.



κάθαρσις 



-Natanael-

sábado, 27 de octubre de 2012

Empatías, Ucronías y Galimatías

Creo que el trabajo entre libros a veces requiere de un cuerpo ágil y de intelecto móvil para su expansión y brazos largos, los simios en verdad serían más eficientes si fueran empleados para estas funciones, o creo eso desde los últimos meses en que sigo leyendo sobre el sistema bibliotecario de la Universidad Invisible de Ankh-Morpork. 

Diversos teóricos destacados del tema como Eskarina Smith, así como investigadores recientes como Ponder Stibbons han hecho grandes aportes a la comunidad  misma y sin embargo de un modo u otro siguen referencias de las largas listas de registros bibliográficos, lo cual habla de esta labor investigativa.

Hay que considerar, además, que el trabajo académico es toda una hazaña, no solamente el consumir gran cantidad de textos y que la demencia tenga que tomar una silla a un lado tuyo para charlar amenamente cada vez que el libro acaba, sino que también el tener que hablar frente  a una cantidad considerable de entes de dudosa especie y convencerles de que las expresiones gráficas de Magrathea, así como su desarrollo vitalista basado en el conocimiento son solo alegorías estéticas.

Pasando a un tema semejante y paralelo, que al mismo tiempo cae en vertiginosa perpendicular, la galería de desarrollo de infraestructura subterránea de Moria aún sigue en trabajo de remodelación debido a la gran cantidad de criaturas indeseables que rivalizan en cantidad con toneladas de polvo y telarañas acumulados al paso del tiempo, puede ser que se requieran mayores esfuerzos para poder hacer algún avance significativo antes del aniversario del gran apagón del Balrog.

Sinceramente no me gustaría estar trabajando ahí, ya es mucho decir que trabajo en libros viejos y antigüedades el tiempo necesario como para extrañar la máscara anti polvo y algunos de los amuletos más necesarios para tratar con semejante cantidad de arcanos.

Me recuerda a aquel día en que me encontraba haciendo un catálogo variado de arcanos entre los clásicos Litteris infernali, Ossa antrum et daemonum, el casi siempre espeluznante Quid inveni sub lecto uno die pythonissam calvus y el excesivo pero al mismo tiempo inaccesible Quae ad pacem nolo nocte in carrariam. Cómo olvidar las cuadras de persecución de un demoníaco Gallico Canis Infernale y la impactante escena en que confundió a un taquero con un hueso viejo para roer.

Claro, desde ese entonces me encuentro algo más preparado para cualquier intrusión de alguna dimensión desconocida (con un anti transdimensional portátil), o en atención constante para cualquier cosa más allá del tiempo (no dejo el reloj en ningún momento, más que para dormir, pero solo es cuestión de no ponerme a buscar llaves de plata mientras estoy soñando). Incluso he considerado en cargar con unos cuantos tubos vacios de pintura para levantar colores que caigan del espacio y venderlos a buen precio, siempre y cuando sea muy, muy lejos de donde me encuentre, no sea que la influencia de los colores junto con el Octarino se vuelvan un vorágine de caos, de esas clásicas que le gustan a todos, llenas de criaturas misteriosas, grandes alborotos, iluminación diaria con influencia nocturna de oscuridad (ah esos soles que dan luz negra como molan) que acabe en otra noche de zombies.
 
No hay problema, claro, con los zombies, ya muchos a nivel sociedad hay como para angustiarse de otros que aún no han decidido aparecer, sin embargo dejaré atados unos cuantos cordeles y señalamientos en mi ejemplar importado de: “The Dark Forces: A Guide to Self-Protection”.

Hablando de quejas, tal vez destaque mencionar que a la fecha no he hecho las paces con el francés, que aunque haya una que otra rola aparentemente atractiva,  sinceramente preferiría aprender a hablar Wookie…

Regresando a un esquema más sencillo de expresión, he de decir que los últimos días he tendido hacia ese retraimiento que les da a las personas cuando se encuentran caminando lejos en ese desierto atemporal de las ideas mientras que el transporte público avanza con hilarante velocidad a través de los páramos urbanos.

Indudablemente es un momento de alta influencia sobre la partícula creadora de ideas; innovaciones, formas de encontrar atajos, o antojos y que se vuelve una migraña a largo plazo si no es aspirinatizada dentro de algunas páginas de libreta, comentarios a la compañía de a un lado (sea o no invisible, y considerando que la invisibilidad no resta importancia o existencia al resto de personalidades, amigos imaginarios y otros seres astrales) o plasmada de alguna manera en el inquietante pero constante que hacer diario.

Volviendo a los túmulos de la vida diaria, ayer cayó un meteorito en la ciudad, bueno, en un pedazo de la ciudad, el restante es lo suficientemente grande como para seguir con la vida y empezar a gozar algo de la expansión turística, que ahora incluye a una gran cantidad de científicos, científicos locos y unos cuantos profetas de eso que aparecen cada fin de semana firmando que algo le pasará al mundo o diciendo: “se los advertimos”.

Como si no fuera suficiente tragedia saber de la inminente fuente periodística de Lemony Snicket sobre el acontecer de la vida ajena como para que ahora vengan profetas diciendo cada barbaridad salida de un libro de rezos, hojitas de té, milenarias transcripciones (con más tachones que exámenes académicos) o delirios subcuánticos de dudosa fuente (muy probablemente atribuible a alguna omniconsciencia esquizoide).

Creo que hubiera disfrutado más con la tan ansiada inundación de la ciudad, pero albergaré esperanza a la temporada de lluvias, con suerte y el gran cráter pueda irse llenando poco a poco hasta conformar algún lago pesquero, por el momento me conformaré con el letrero en el camión que en lugar de decir Circuito (referido a que va por todo el periférico de la ciudad) ahora dice: Semicircular y Cráter.

Bien, va siendo tiempo de que vuelva al trabajo, ya me he robado este rato para redactar solo un poco de lo que fueron los últimos días, y admito que ya creía que iba a desvariar un poco,  pero creo que he aclarado con dinamismo y realismo y de forma breve una ausencia que ni tan ausente, pero si presencialmente ausente, no ha perdido de su presencia más que la redacción que hago aquí presente.

Así pues, vuelvo a tomar la espada, los amuletos y talismanes, empaco todo en la mochila, me pongo el sombrero brujo y el parche en el ojo mientras hago un poco de tiempo a que se abra el portal (esos agujeros de gusano que se vuelven toda una sensación a la hora de atravesar distancias largas).

Aquí mas sobre otros brujos y demás:

martes, 3 de julio de 2012

° Viaje a Chiapas °


Y al tornar los ojos atrás, sentí el sol brillante de la selva, el sonido de los ríos, montañas que suspiraban al seguir creciendo de entre templos y ruinas. Las voces grabadas en roca.

Hoja de jade, llévame de vuelta a casa, que los vientos sean presagio de las palabras de Ventura y Sía, que encuentre el camino entre tanto caos urbano.

1°/2° Día(s)

La noche marca la partida, las doce en los relojes dicen que es tiempo de viajar, aventurarse lejos cuando el sol se esconde en su inframundo.

Pero es tiempo de viaje, y la salida apremia mientras nos alejamos de una urbanidad hasta una metrópoli incandescente, partida en horas, tiempo alzando el vuelo en monturas de dragón, olvidando cacofonías de una ciudad de concreto y arena.

Y el aroma a selva llegaba, tierra húmeda, lluvias imponentes.



Hacia las montañas, a los pueblos en lo altos de la selva, un recuerdo de hogar que me es conocido, ser olvidado al mundo que se jacta de su avance y abandonarme a los colores impresionantes en nubes, montañas, cerros y bosques.



Sonidos venidos de todos lados en mercados, el recuerdo se torna de color, desempolvada la mente para mantener el paso.

Bossa Samba antes de partir al sueño.



3° Día

Los ojos se impresionan, se encuentran con reflejos de luzen tierras añoradas. De cientos de aromas, cafés, arboles, mercados, chocolates, huaraches.

Arribo de muchos otros que añoraban la tierra y al poblado, rostros de gran diversidad de facciones y colores. 

Y la Ceiba crece hacia el cielo, jardines ocultos con aromas exóticos;  a lo largo de calles pueden verse los montes elevarse, vertiendo su aire puro en cada ser que siga sus pies.

Las sombras tornan las luces en un brillo más esplendoroso, parece otra especie de día, una noche cálida entre miradas.

Café para la mente, té para el espíritu.

4° Día

Las tierras altas se apartan y alejan, ahora hacia antiguas rocas en la profunda selva.

Torrentes implacables, cascadas que hacen ver grifos como solo un control insignificante. Que en gracia de La caída del agua trae brisa acuática al alma y siga el camino hacia tierras aún más cálidas.

Tormentas y bastiones, ruinas exhalando vapores de cal húmeda. La herencia dada por los señores de Bakal-Ham.

La perdida material no es importante, la selva lo es, ver más allá del físico  y visualiza la emoción más real, verdadera no ante la vista, pero sí ante los ojos.




Son tiempos interesantes.

5° Día

Es en lo profundo de la selva donde laten las piedras verdes, llaman y hay que ir a ellas desde los ríos.

Y es maravillarse ante la fusión de la antigua memoria y la nueva vida, selva y templo en uno, verdaderos arboles, inmensos a la vista y gratos al corazón. Juntos en armonía por centurias.

Pues aquel cerro que se alza lleno de verdes brillantes, es también hogar de espíritus que cuentan su historia en roca, sus costados aún son la memoria de su entierro y hoy despiertan los Muros Pintados de nuevo.

Hoy la noche es rio, insectos, animales, el aroma vivo al cerrar los ojos en la selva lacandona.


6° Día

La Selva lacandona, mí amada selva.

Vida en jade, da un sitio a mi ser dentro de tus ríos, ceibas, jaguares, aves y tierras. 

Que recupere el reflejo, que al verme de nuevo, sepa que estás por siempre dentro.

Es una noche larga, pues el camino nos lleva de nuevo a lasmontañas, que el tiempo no siga, que el avance sea lento y no nos hielen los vientos y lluvias, que haya hogar de vuelta en el Lugar donde nace el agua.

7° Día


Dentro de las fauces de la tierra se encuentran ciudades minerales. La imaginación se da rienda suelta entre las luces y las sombras de la roca sedimentada que cae en gota/estalactita y la estalagmita se eleva hacia su madre.
 
A la noche, sonidos étnicos, gitanos y cánticos crean ambientes revolucionarios para así llegar  a la hora onírica antes del alba.

8° Día

Hoy visitamos la casa de piedra, y el señor jaguar murciélago nos recibió, dejándonos entrar a sus templos.

Hacia adentro, al Palacio del Inframundo, que refleja los esqueletos de los vivos, al salir vimos los cuatro soles y al seguir ascendiendo  vimos las fauces del monstruo de la tierra sonriendo. 

El camino siguió hasta el Templo del espejo humeante y finalmente la cúspide que fuera el punto más alto de todos, más alto que el templo sol/agua de los creadores de dioses… solo arriba de ese sitio está elcielo.


9° Día

Noveno día para la tierra y sus crecientes formas. 

Lagunas azules y brillantes que viven de la misma fuente.

Y rumbo a la selva ligera, el sonido del caer del agua en tantas cascadas van guiando los pasos, arriba y hacia adelante. 

El agua resplandecía al sol, la brisa llegaba a todo el valle y daba forma con sus senderos a caminos para llegar hasta esa corona acuosa y sus arcoíris efímeros. No hay otro sonido que no sea la caída y toda su fuerza, caída hacia el suelo, a la tierra, a las rocas, sobre el cuerpo, en la frente, brazos, ojos.

10° Día

Más allá del pueblo donde Nace el agua, en lo alto se encuentran otros pueblos llenos de misticismo y colores. 

Que el pueblo de los Hombres Murciélago nos hable del maíz, del universo en códices textiles, de los rubros del universo.


Que sea en el extraño templo de los Chamula en donde lo sagrado sea tan ajeno a este mundo que dote de misticismo las memorias.

Y esa noche deseé tiempos interesantes y que en suerte y azar cayera lo inevitable, que la Vox Urbana cantara el hexentanz y que de lejanas tierras surgiera tan añorada y onírica figura que en laureles extraños y selváticos dejara caer la hora de las brujas.

11/12° Día

El último amanecer en este sitio que me motiva y emociona, que logra hacer que la raíz primitiva se sienta fresca y viva y me haga recordarle y sentirle como un hogar sagrado.

Duele el alejarse, más al verla quedándose atrás en las altas montañas sin saber cuándo volveré a verla o sentirla. 

Y mientras la nostalgia se asienta, veo una ciudad española erigida en ladrillos, torres de tiempo, arcos artísticos y la última Ceiba que veré en un tiempo. 

Un templo en ruinas acrecienta la sensación y a las horas hay que retornar, montar vuelo y viajar lejos nuevamente, ahora hacia la tierra de cantera, aquel sitio al que llamo casa.



Hoja al viento, hoja de jade; alma de la selva y roca de dioses, que fluya, viva el rio/sangre/tierra de tu existencia en mis venas.

Sea en mis sueños que te vuelva a ver, que seas grandiosa, viva, verde, oscura, azul, brillante, blanca, amarilla en tu atardecer.

Tus días lejanos sean mis noches oníricas, volveré algún día.

- Nathaniel -

martes, 19 de junio de 2012

Retorno a la Selva

A siete horas de zarpar, la tripulación preparaba los suministros, provisiones y preparaba la nave. 

Desde una mesita de descanso, el capitán seguia bebiendo el té mientras su segundo de abordo hacia el trabajo de embarque.

La brisa acariciaba los mástiles, se abría paso entre tablas, cuerdas y hombres para ir y venir a su antojo hacia el grisáceo paisaje.

Era cierto, el clima antojaba tormenta, deseoso de caer en picada sobre las cabezas, ondular las mareas y azotar cuanto fuera posible. el capitán sonreía.

Las rutas estaban marcadas, hacia el sur , siempre hacia al sur, lejos de la ciudad, lejos de todo lo habitual en el camino.  La selva tropical era buen motivo de viaje, un paraíso entero, que si bien tenía ahora rastros "civilizados", aún poseía su propio latido, una voz contrariante al ambiente uraño y urbano, un aroma cálido, húmedo y fresco.

Una parte es ver monumentos ancestrales, recuerdos de un mundo ahora perdido en la memoria humana, reconocible entre las miradas oníricas, reconstruida por expertos en cientos de libros e investigaciones.  Aventureros que han encontrado riqueza a sus ojos, autóctonos que protegen la vida de la selva.

Por otro lado, es el deseo de lejanía, de encontrar refugio en la selva, en el sonido que habita más allá de toda cantera, roca y pavimento. Un sitio que represente lo sagrado, lo místico, que renueve el interior, purgue la falta de asombro o emoción y de paso a algo más real, vivo como la tierra, los rios, las cascadas, templos, animales, árboles.

Paz, paz en el interior, que las aguas se calmen y dejen atras la tormentosa noche. Tranquilidad de una tierra húmeda y selvática.


Después de tres años, pisar nuevamente las tierras de los Mayas, visitar la ciudad de K'inich Janaab' Pakal, la tumba de la Reina Roja. En las altas montañas ver el Lugar de los Murcielagos, el ojo de agua en Chamula, Piedras Verdes, Agua Azul y siete colores en las lagunas.

Volver a la Selva.


domingo, 20 de mayo de 2012

Un reino que no existe


Un reino que no existe, una princesa lo gobierna.

Destellando a lo lejos, vienen  las memorias de algún viajero que ha atravesado los mares estelares. 

Desde las nebulosas hasta Sirius, dio vuelta en “u” cuando pasó por Alfa Centauri y dio vuelta nuevamente para alejarse de la vía láctea.

El viajero escribió un libro y lo dejó atrás, olvidado en alguna biblioteca en las afueras de Marte. Lo encontró mi abuelo y lo trajo a casa creyendo que  algún día podría descifrar sus inescrutables secretos, pero la abuela lo tomó y lo dejó acomodado en el desván para limpiar la casa.

Pasaron los años hasta que, buscando un diccionario, encontré el libro del viajero más allá de la estratosfera. Creí escuchar un trueno al abrirlo y lo lleve a casa para conocerlo.

Tras constantes movimientos de rotación y traslación del planeta, fue creciendo mi imperioso deseo por comprender dicho ejemplar, pero las palabras se escondían, lejos de toda luz y explicación, logrando que por la desesperación, arrojara el volumen interestelar bajo la cama. 

Al anochecer, una luz ensordecedora me despertó y bajo la cama, el libro había cobrado vida y cantaba la historia del viajero.

“Es una idea fantástica, verte a través de ojos que no son míos, como los cuentos que se leen para niños, riendo tras la pintura, caminas entre sombras y te muestras a la luz con más de mil formas”. 

Cada noche volvía bajo la cama, y volvía a escuchar el canto del viajero envuelto en luces e imágenes.

“Nunca has existido, y sin embargo ahí estas, delirante entra en la mañana y la tarde, danzando en estelas del cosmos, ritmos de galaxias que se expanden en las mentes delirantes tras libros y estanterías”.

Pasaba las páginas mientras construía mi propia nave. Ahora que el mundo giraba tan rápido, podía viajar más allá de los cielos azules.

“Desde ahí suspiras, entre la onírica taciturna en formas de lunas y mostrándole con el brillo de los astros indómitos”.

Finalmente, el día que dejé a tras mi propio mundo con el libro en manos llegó.

Y dirigí mi nave hacia el cosmos.

Pregunté en Marte sobre el viajero y la editorial que haya creado el libro y me dieron la dirección del otro lado de la galaxia.

Puse dirección hacia las nebulosas y la bifurcación más allá de Alfa Centauri, seguí el cometa que transitaba en dirección a un si marchito y di vuelta en “u” para volverme hacia Sirius, el gigantesco.

Los vientos solares me llevaron en un sinfín de direcciones, me alejé de agujeros negros y súper novas, llevando mi embarcación más allá de las ruinas de planetas desérticos hasta que llegué al sitio.

El viajero lo cantaba:

“Entre las ruinas de un mundo hecho arena, la plegaria de los dragones y el canto de las sirenas”.

Frente a mí, un mundo que resplandecía, sus días eran brillantes y coloridos. Las noches eran sobrecogedoras, una neblina sulfuran te de colores lilas y verdosos se movía, brillante y con vida con el rostro oscuro de tan lejano planeta.

El libro no cantaba ahora, parecía estar expectante  a lo que ahí encontraría, y me acompaño mientras bajaba a la superficie del planeta, estuvo a mi lado al momento de poner un pie en el suelo del planeta desconocido  y parecía suspirar al llegar frente al primer gran fortaleza.

Alcé la mano para empujar el portón, y el libro cantó:

“Una ciudad sin polvo, resplandeciente como la plata y tan oscura como un bosque tenebroso”.

Y en su interior, los seres de otra época, viviendo lejos de toda civilización. Observando  través  de sus ojos llenos de curiosidad, me invitaron  pasar, a comer y beber, dormir y soñar, dejar pasar los eones de ida y en inversa en vórtices atemporales.

Miles de cuentos e ilusiones hechos una impresionantes ciudad-mundo que cubría cada bosque, puerto, playa. Fortaleza de sueños y resguardo de ilusiones.

Conocí al viajero (A) Ventura, y a su amada princesa (fanta) Sía, y ví el esplendor de su reino.

Cuanto veía y escuchaba, lo cantaba y lo acompañaba, dejando todo en el libro.

“Recuerdo la rima de las hadas, donde los seres del mar, trolls, lobos y mantícoras buscaban la luz de Tirrlian”.

Escribí mi último verso antes de arrojar el libro a la cabina de la nave y enviarla de vuelta, rumbo a Sirius, dejando a tras los planetas en ruinas, dando vuelta en “u” y pasando por Alfa Centauri. Tras las nebulosas y los viajes, llegaría hasta la biblioteca de Marte y se estrellaría cerca, con la esperanza de ser alzado nuevamente entre los estantes y darle nueva esperanza a aquel que entornara los ojos hacia su cubierta, que construyera su propia embarcación y viajara buscando.

“Y un mundo más allá de este cosmos se alza, donde aún reinan la Aventura y la Fantasía”