lunes, 7 de mayo de 2012

Tiempos Interesantes



Cuando no esperas esa nube que te dio resguardo del sol, esa coincidencia inesperada, ese recuerdo que no fue planeado.

Comida desconocida, platillos de un mundo ajeno.

Las expectativas, planes y predisposiciones se tornan un caos y lo que hace mejor el caos es dejar de lado al supuesto orden humano.

Los arboles crecen en los bosques de forma irregular, el rio se abre camino por donde pueda fluir, las rocas se erosionan y en las cuevas surgen estalactitas y estalagmitas.

La noción del control solamente se vuelve una broma en tiempos interesantes.

“Hay una maldición.
Dice:
Ojalá Vivas Tiempos Interesantes”

Terry Pratchett

miércoles, 18 de abril de 2012

Cuento Brujo




Beso a una rana, de pronto ésta se convierte en bruja. 

Ayudante, sirviente, amante.

La bruja me convierte en príncipe, tiempo después cabalgo hacia el sur y llego al mar. 

Abordo una embarcación, me vuelvo pirata. 

Ha pasado el tiempo y me tuesto al sol, me seco y me convierto en sal.

Caigo al agua y la corriente me arrastra a la orilla. 

Construyen y destruyen castillos de arena, el viento me aleja y me lleva a los desiertos.  

Convertido en cristal, viajo hasta un vitral. 

Por la fuerza de una bala de cañón, exploto en mil pedazos y me levanta una niña en la calle. 

Me cubre, me cambia y me vuelve espejo. 

Le sonrió cada día hasta que de mí se olvida. 

Tras el paso de años quedo embrujado y olvidado

 Vivo en un bazar y paso a manos de la bruja.

Ella recuerda el pasado y labra un marco alrededor del espejo.

Por los días reflejo y por las noche respiro madera. 

Danzas, cánticos y llamaradas.

Caigo de la mano de la bruja al fuego. 

Abrazadora, la caricia me funde y me vuelve cenizas. 

Soplado al viento, vuelvo a la vida y dejo de ser todo para ser embrujo de luna.

La sombra toma cuerpo y me cubre como una manta.

Vuelvo a los brazos de la bruja.

Ungido, criatura, amante.


Cuentos para Noche



miércoles, 11 de abril de 2012

Tres Sueños


Torres alzándose altas, curvas y macabras al cielo. El sonido de los pasos tras la puerta oscura te hace imaginar a las criaturas que estarán tras de ella, reptando, corriendo, cojeando incluso. 

No bastará con acercarse  a la muralla, no si la curiosidad impera  ante la voluntad, y aquella cuerda aún resiste el peso del cuerpo cansado.  Balanceando el peso, arribar a uno de los peldaños bajo los ventanales  permite ver las sombras inquietas alzándose y danzando alrededor de una gran hoguera.

Tras remover varios trozos del cristal, los murmullos se convierten en gruñidos, los ligeros golpes se vuelven roca y madera quebrándose y los monstruos seguían danzando, sin saberse observados. Rodeando cuidadosamente las paredes del pasillo, todo era cuestión de llegar a la puerta del vestíbulo.

El gran vestíbulo  solo se iluminaba por velas y permitía ver su gran cantidad de puertas. Cada una enmarcada con símbolos y relieves de animales. La última a la izquierda tenía cuervos y dragones en todo el contorno y un símbolo en forma de espiral. Tal vez esa fuera la ruta, mas sin estar del todo seguro sobre el desino de semejante entrada.

Una escalera larga se alzaba frente  a la puerta, y al seguirla, ésta comenzó a girar convirtiéndose en un torbellino escalonado, negro y lleno de penumbra interrumpida por los ruidos de afuera y las luces en las ventanas y respiraderos.

El último peldaño y una puerta vieja de madera. Al abrir, un cuarto rojo y cobrizo resplandeció como si la luz del día estuviera ahí contenida junto a la figura recostada en la cama y sus ojos brillantes.

Los monstruos siguieron danzando alrededor del fuego.
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El sonido de un río me llamó la suficiente atención como para buscar su desembocadura. Algo extraño había en el agua, parecía aullar y gruñir mientras corría.

Tras los matorrales estaba ya el rio, fluyendo cristalino y veloz, gruñía, respiraba, y lo vi desembocar desde las fauces de un gran lobo de roca. Era más que una estatua, parecía estar escarbado en la cueva y daba vida a las aguas que fluían desde él.

Entré en la boca y seguí el curso inverso del agua, parecía seguir aullando en la leania mientras recorría la garganta hasta llegar  a lo que consideré los pulmones. 

Debía estar bajo una ladera o pequeño monte, pues la cueva estaba llena de raíces por todos lados… raíces brillantes y doradas que me permitían seguir el camino.

Los pulmones acabaron, y el recorrido por una columna vertebral ígnea me llevó hasta una nueva salida, desde ahí, el sonido de los aullidos y gruñidos tan solo eran agua corriendo desde una gran pradera y a lo lejos una ciudad.

Cientos de ladrillos erigían edificios, torres y murallas. El viento chocaba y gritaba, renegando las paredes, y el silbido que emitía al alejarse daba una sensación de abandono, pues solo el viento parecía recorrer la ciudad.

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Una realidad con torres lejanas en tierras extrañas, llenas de libros y hadas.

Un gran libro abriéndose tras el clic de un candado del tamaño de una palma.

Desde el centro de las hojas, un tornado destruye el techo, arrasa con toda la habitación sumerge en colores, polvo, cenizas y arena la realidad. 

Era sumergirse en un mar y encontrarse a entre las embarcaciones abandonadas a la orilla de la playa. Espadas, pistolas, plumas y esqueletos tirados por doquier, pero los piratas ya habían ido a cavar al centro de la isla.

El tiburón, inquieto, nadaba alrededor de una de las barcas y el tripulante en ésta se limitaba a ver desde su catalejo. Las sirenas lo seguían llamando, pero él se había quedado sin remos.

Del otro lado, había una puerta irreal e imposible a media playa. Parecía sacada de una película surrealista. 

Tras la puerta había una serie de construcciones megalíticas haciendo círculos y marcando figuras. Entre estas rocas había hadas persiguiendo goblins. Los goblins no podían hacer mucho, pues las hadas les jalaban las orejas y no los dejaban dormir. Bajo uno de los Dolmen había un troll durmiendo la siesta, no le preocupaban las hadas pues su piel era muy gruesa como para sentirlas molestar.

El sol de la tarde brillaba sobre todo el valle. En el aire se veía una embarcación montada sobre un dirigible y se mantenía anclada atada a un puente de roca. 

Un goblin pasó corriendo por el puente y cayó en el río por no ver el ancla. Las hadas rien y siguen molestándolo mientras los otros goblins se esconden. 

Es solo una tarde tranquila en tierras oníricas.


viernes, 30 de marzo de 2012

Ritual


 
 Se crea el fuego, la llamarada que ilumina el camino, el sendero que siguen los danzantes. 


Alzándose al cielo, el humo crea espirales, círculos y se entrama en complejas rutas; los astros iluminan los ojos de los actores, sujetos a su poder. El círculo de fuego señala la tierra, el punto de partida y de vuelta.


En el ensamble se crea un mar profundo, danzantes, ser y mundo se sumergen en el trance.


Entonces el ritual desgarra y  entra al cuerpo; la deconstrucción del yo, las partes primigenias que alguna vez tornaban en estratos la realidad, se ven a sí mismas desunidas en piezas, marcas en la tierra señalan su conexión y alrededor las flamas acarician la piel.


Laberinto humeante, trazos efímeros de cada grado onírico. Se alzan astros en el firmamento, las sombras de los danzantes resignifican cada pieza de ese antiguo ser que ahora muere. La deconstrucción llega a un clímax, el ser se vuelve uno con la esencia y el humo entra a su cuerpo a través de sus brazos, piernas, vientre, torso… los ojos expulsan amargura, la boca terror, los oídos vuelcan vapores mórbidos, la falsa naturaleza abandona el cuerpo deconstruido y ahora inerte, empieza a cubrirse con las llamas del fuego. 

 
Los danzantes se detienen; a través de espasmos y contorsiones, el ser despierta y se arrastra alrededor del laberinto de humo, recorre sus sueños y toma sus piezas, se une a sí mismo, se cose, embona su ser y con soldaduras,  vuelca su ser de nuevo a través de las flamas y emerge del círculo.


Sus ojos entonan los astros, sienten una fiebre cósmica

Los oídos se enfocan, escuchan el  paso de los vientos, silencio, noche.

Su boca emite una respiración profunda, respirar tras sofocarse.

Y Ritual es fuego, procedencia del ser, ente que gira inaccesible a la consciencia. 

La voz evoca su esencia, corazón  de las llamas.



martes, 27 de marzo de 2012

Ocaso de una reina


La mesita de noche se iluminaba de la luz del día que entraba por la ventana rota. Los sonidos del bosque seguían ausentes, el ambiente tenía aún aroma a humo y madera quemada. La mitad de la casa estaba carbonizada mientras la última habitación dejaba la sensación de una noche tormentosa.



Una noche donde una casa en el bosque se convirtió en un escenario de batalla. La bruja había encontrado el camino luego de torturar hasta la muerte a varios de sus siervos, y valiéndose de su escolta personal, decidió que aquella noche debía finalizar sus temores.

Poco sabía que aquella chica contaba con siete viejos dispuestos a pelar por ella, robar por ella, , matar por ella.

Así pues, la reina entro con báculo en mano y furia en sus ojos. De inmediato, la cabeza de uno de los viejos rodó tras el golpe certero de uno de los guardias de la reina. Los otros seis gritaron y empuñaron sus dagas de inmediato. El mayor entre ellos tomó a la joven y la llevó a las habitaciones, mientras la encarnizada pelea daba pie al incendio que consumiría la mitad de la casa.

Uno a uno, los escoltas de la reina y los viejos se traspasaban con sus espadas y dagas y llenando el suelo de cuerpos inertes.

La reina observó todo, hasta el último suspiro de los contendientes que le permitió tranquilamente ir hacia las escaleras y buscar a la chica.

La casa se sumió en el más profundo de los silencios. Las habitaciones empezaban a ser devoradas por las flamas y en poco el techo caería sin duda alguna. Solo tenía que encontrarla, arrancarle el corazón, y todo habría acabado.

Tan solo el corazón. La última habitación estaba frente a ella. La puerta se abrió con simpleza, delicadeza y gracia revelando al último de los viejos aguardando por el golpe de la reina.
Una sonrisa se dibujo en el rostro de la reina, solo un estorbo más para el corazón.

Inesperado y repentino fue el golpe que sintió tras de ella, inesperado la sensación de sentirse empujada hacia la habitación, hacia la ventana. Inesperado fue verse a sí misma tirada fuera de la casa en llamas, muriendo por la caída y cientos de cristales atravesándole el corazón.

Las flamas iluminaron el rostro de aquella joven, sus ojos cristalinos y oscuros reflejaban  la noche y su piel pálida se atenuaba dorada y rojiza por las flamas. 

El ocaso de la reina, sería solo el amanecer de otra.