miércoles, 29 de diciembre de 2010

Nocturno


Que el sonido me lleve lejos, que sea perdido el recuerdo dentro del bosque suntuoso que nace de aquella melodía murmurada a estos oídos.

Suave toque al inconsciente, amante de bestias e iluso de bellezas.

Fluye hacia el interior, que recorra más rápido que la sangre y que su esencia sea mayor que la era en que nace esta sensación.

Cierro los ojos para guiarme hacia la marea, pierdo noción de toda creencia mientras la armonía me cobija bajo la lluvia… lluvia de toda esta aparente percepción del mundo de las ideas.

Deséame buen viaje, me lleva una emisión a otra vida, escribe pronto, puede que llegue como una rima.

Cuando regrese pensaré en alguna melodía, si regreso, será en forma de día.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Fuego

Me gusta el fuego, el calor que emana de una hoguera, crujiendo, las llamas alimentándose de lo que antes fue vida. 

Me gusta esa sensación cálida y ese aroma que deja el fuego sobre la tierra.

Purificador, destructor, amigo, enemigo, explosión, unión, caída, creación, guerra, paz…

Es un portal ancestral, milenios enteros reunidos junto al fuego, batallas, guerreros, rebeldes refugiados, tribus y civilizaciones, cánticos endemoniados y palabra al cielo.

No es solo la pequeña llamarada, es la creciente criatura, elemental de fuego, muerte de madera y humo que se elevan, las garras hacia el cielo desgarrando la oscuridad.

Unos minutos, unas horas, noches enteras, entorno al calor de una hoguera...

--El vapor seguia llenando la Calíope , la caldera llena de carbón y madera seguia alimentandose del fuego mientras el pirata descansaba en una silla contemplando las llamas.---Nathaniel Steampunk

jueves, 2 de diciembre de 2010

23

Pensé en que algo debía de haber del pirata Steampunk al llegar  a los 23 =D
Esta manta es mucho más grande
Felicidades Steam
 Natanael Steampunk

domingo, 21 de noviembre de 2010

Lovecraft, el Helado y el Terror



Pensando en el sabor de su helado, recorrió con la mano las hojas de aquel pequeño diario, se remontó a aquellos horrores cósmicos que más de una vez de entre sueños lo habían despertado y escribió:


“El joven Carter se acercó al precipicio con aquella mirada aterrada, fuera de sí mismo… (Mmh vaya, este helado de vainilla sabe aterradoramente bien)… y tratando de vislumbrar a través de la inmutable obscuridad… (Creo que veo el fondo del barquillo, debería pedir otro helado…)… se petrifico ante la presencia de lo innombrable a su alrededor… (-Disculpe mesero, ¿haría el favor de traerme otro helado de vainilla?, ¿y podría también tratar de no aparecer tan de ponto tras de la clientela?)...

(Ahm, ¿en que me quede?, ah es cierto…) El Silencio gobernaba a su alrededor, fue la sensación más escalofriante a la que el joven Carter se haya enfrentado antes. No sabia que se encontraría frente a sí mismo, pero por extraña enajenación, sus piernas seguían avanzando hacia él (oh gracias por el helado joven). El frio se apodero nuevamente de su cuerpo al adentrarse en aquellas tinieblas abrazadoras.

Finalmente comprendió que sus movimientos, sus pensamientos, todo en él se había abandonado completamente al horror… (Debería seguir viniendo por más helados a este lugar, son fascinantes…).

Así, el escritor tomó la pluma, su diario y les guardó bajo el brazo mientras que sostenía embelesada mente el helado con la otra, respiro profundamente y se dirigió a casa a seguir soñando con monstruos desconocidos.

Poco sabía del origen de aquel helado terrorífico.


( Howard Phillips Lovecraft fué un escritor estadounidense , creador del llamado horror cósmico. Curioso me parce el detalle de que a pesar de ser un ente realmente raro e introvertido , tenía un goze peculiar por de los dulces, chocolates y el helado por lo que me inspiró a esta pequeña redacción)

Licencia de Creative Commons

sábado, 6 de noviembre de 2010

Fetichismo literario


Cuando hablamos de un fetiche, hablamos de ese elemento simbólico y representativo que acompaña nuestra acción; ese detalle sin el que podría perder sentido y significado. Sin embargo, ¿cuando hemos pensado que algo tan cercano podría ser un fetiche, un objeto tan simple como un libro?

Creemos en nuestro ídolo y sentimos que le da razón de ser y cuando leemos… gozamos de la manera más íntima y total con nuestro fetiche. Cuando tomamos un libro, nos perdemos en sus páginas y es nuestro este objeto al que otorgamos la carga catéxica tan vital, nuestras emociones.

Pensarnos como fetichistas nos parece tan lejano; es esa idolatría a la que nos unimos al añorar la buena lectura con toda la compañía que esta nos otorga, el deseo del libro y sus páginas para nuestros anhelos y satisfacción.

Los adictos a las hojas empastadas, a los grandes volúmenes, tenemos este fetiche un tanto curioso y poco explorado del de los libros. Pensamos en el libro como el gran portal al mundo de la mente, el sueño literario.

Reímos con el libro, lloramos con él con cada vuelta de hoja; lo golpeamos con arrebatadora furia y odiamos a sus creadores. Abrazamos nuestros libros al dormir para soñar con nuestros héroes, amores, encantos y desencantos para a la mañana siguiente volver a ellos o guarecerlos en su sagrado recinto.

Y helos ahí, acumulados, en su rincón, en su repisa, escritorio y librero. Nos gusta tenerlos, acumularlos, como si así lográramos tenerlos, trofeos de nuestros ojos, propiedad de nuestras supuestas ideas, cascarones de nuestras inspiraciones mentales, pues todo gran lector, escritor analista científico y quien se digne de decir sí leo se vuelca a sus fetiches y adora a sus congéneres literarios.

Somos fetichistas los lectores, creemos en el papel y sus abrigos de tapa blanda o dura, sin importar si el mundo digital crece y amenaza con la existencia de nuestros fetiches y aún si así fuera, este mundo es tan solo otro templo de adoración.

Pensamos en ellos como nuestro símbolo del saber, nuestro objeto de conocimiento, la imagen de ellos en nuestra mente ala cual nos entregamos sin vacilar por un momento, ¿que tendría de malo, si es un libro, fuente de sabiduría?

Y en verdad, no podríamos hacer menos… un objeto tan común, simple, sencillo, pequeño, un medio tan accesible para adentrarnos a la mente de los escritores, darles rienda suelta en nuestra maquinaria mental, a nuestra capacidad creadora y permitirles construir en ella grandes sueños, fantasías, verdades y vida. ¿Cómo negárnosle al placer de pasar los ojos sobre las letras impresas? ¿Cómo negarse a la seducción de las palabras?

Imaginar la lectura sin libros parecería una locura, ¿Dónde quedaría ese objeto del que podemos adueñarnos para nuestro goce mental?

Finalmente hoy antes de dormir, los haremos de nuevo, veneraremos ese libro inconcluso con nostalgia, guiaremos nuestra mirada a nuestros amados ya leídos de principio al final, y sea cual sea la emoción, no le negaremos a nuestro fetiche algo de cariño y atención.