Argh! , me he escapado de la nave mortinfanga en la que los monstruos intrgalácticos me han tenido cautivo. No tengo mucho tiempo para ahcer esta pequeña nota y arrojarla al espacio, con esperanza de que sea leída por alguien en el cosmos.
Han sido dias llenos de cosas interesantes, ah estos tiempos tan interesantes.
Tras la vuelta al viaje de la selva, me embarqué e una misión por el arte: mi nave atracó, asaltó y derribó a otra nave mercante llena de tesoros artísticos y los repartimos entre los miembros de la expedición, pero no era suficiente, por lo que fuí mas lejos y traté de seguir a los mercantes para así "ayudarles" a repartir más cultura a otros.
Poco iba a saber que acabaría en una nave monstruosa de los Mortínfangos y sus tantos que haceres (incluso el vigilar el impacible y mórbido libro de rostros, un total arcano lleno de peligros).
Creo que me han escuchado, dejo esta nota y espero volver... pronto.
Natanael de Ast'av Jun
lunes, 13 de agosto de 2012
martes, 3 de julio de 2012
° Viaje a Chiapas °
Y al tornar los ojos atrás, sentí el sol brillante de la
selva, el sonido de los ríos, montañas que suspiraban al seguir creciendo de
entre templos y ruinas. Las voces grabadas en roca.
Hoja de jade, llévame de vuelta a casa, que los vientos
sean presagio de las palabras de Ventura y Sía, que encuentre el camino entre
tanto caos urbano.
1°/2° Día(s)
La noche marca la partida, las doce en los relojes dicen
que es tiempo de viajar, aventurarse lejos cuando el sol se esconde en su
inframundo.
Pero es tiempo de viaje, y la salida apremia mientras nos
alejamos de una urbanidad hasta una metrópoli incandescente, partida en horas, tiempo
alzando el vuelo en monturas de dragón, olvidando cacofonías de una ciudad de concreto y arena.
Y el aroma a selva llegaba, tierra húmeda, lluvias
imponentes.
Hacia las montañas, a los pueblos en lo altos de la selva,
un recuerdo de hogar que me es conocido, ser olvidado al mundo que se jacta de
su avance y abandonarme a los colores impresionantes en nubes, montañas, cerros
y bosques.
Sonidos venidos de todos lados en mercados, el recuerdo se
torna de color, desempolvada la mente para mantener el paso.
Bossa Samba antes de partir al sueño.
3° Día
Arribo de muchos otros que añoraban la tierra y al poblado,
rostros de gran diversidad de facciones y colores.
Café para la mente, té para el espíritu.
4° Día
Torrentes implacables, cascadas que hacen ver grifos como
solo un control insignificante. Que en gracia de La caída del agua trae brisa
acuática al alma y siga el camino hacia tierras aún más cálidas.
La perdida material no es importante, la selva lo es, ver más
allá del físico y visualiza la emoción más
real, verdadera no ante la vista, pero sí ante los ojos.
Son tiempos interesantes.
5° Día
Es en lo profundo de la selva donde laten las piedras verdes,
llaman y hay que ir a ellas desde los ríos.
Y es maravillarse ante la fusión de la antigua memoria y la
nueva vida, selva y templo en uno, verdaderos arboles, inmensos a la vista y
gratos al corazón. Juntos en armonía por centurias.
Hoy la noche es rio, insectos, animales, el aroma vivo al
cerrar los ojos en la selva lacandona.
6° Día
La Selva lacandona, mí amada selva.
Vida en jade, da un sitio a mi ser dentro de tus ríos,
ceibas, jaguares, aves y tierras.
Que recupere el reflejo, que al verme de nuevo, sepa que
estás por siempre dentro.
Es una noche larga, pues el camino nos lleva de nuevo a lasmontañas, que el tiempo no siga, que el avance sea lento y no nos hielen los
vientos y lluvias, que haya hogar de vuelta en el Lugar donde nace el agua.
7° Día
Dentro de las fauces de la tierra se encuentran ciudades minerales.
La imaginación se da rienda suelta entre las luces y las sombras de la roca
sedimentada que cae en gota/estalactita y la estalagmita se eleva hacia su madre.
A la noche, sonidos étnicos, gitanos y cánticos crean
ambientes revolucionarios para así llegar
a la hora onírica antes del alba.
8° Día
Hoy visitamos la casa de piedra, y el señor jaguar murciélago
nos recibió, dejándonos entrar a sus templos.
El camino siguió hasta el Templo del espejo humeante y
finalmente la cúspide que fuera el punto más alto de todos, más alto que el
templo sol/agua de los creadores de dioses… solo arriba de ese sitio está elcielo.
9° Día
Noveno día para la tierra y sus crecientes formas.
Lagunas azules y brillantes que viven de la misma fuente.
El agua resplandecía al sol, la brisa llegaba a todo el
valle y daba forma con sus senderos a caminos para llegar hasta esa corona
acuosa y sus arcoíris efímeros. No hay otro sonido que no sea la caída y toda
su fuerza, caída hacia el suelo, a la tierra, a las rocas, sobre el cuerpo, en
la frente, brazos, ojos.
10° Día
Más allá del pueblo donde Nace el agua, en lo alto se
encuentran otros pueblos llenos de misticismo y colores.
Que el pueblo de los Hombres Murciélago nos hable del maíz,
del universo en códices textiles, de los rubros del universo.
Que sea en el extraño templo de los Chamula en donde lo
sagrado sea tan ajeno a este mundo que dote de misticismo las memorias.
Y esa noche deseé tiempos interesantes y que en suerte y
azar cayera lo inevitable, que la Vox Urbana cantara el hexentanz y que de
lejanas tierras surgiera tan añorada y onírica figura que en laureles extraños
y selváticos dejara caer la hora de las brujas.
11/12° Día
El último amanecer en este sitio que me motiva y emociona,
que logra hacer que la raíz primitiva se sienta fresca y viva y me haga
recordarle y sentirle como un hogar sagrado.
Duele el alejarse, más al verla quedándose atrás en las
altas montañas sin saber cuándo volveré a verla o sentirla.
Y mientras la nostalgia se asienta, veo una ciudad española
erigida en ladrillos, torres de tiempo, arcos artísticos y la última Ceiba que
veré en un tiempo.
Un templo en ruinas acrecienta la sensación y a las horas
hay que retornar, montar vuelo y viajar lejos nuevamente, ahora hacia la tierra
de cantera, aquel sitio al que llamo casa.
Hoja al viento, hoja de jade; alma de la selva y roca de
dioses, que fluya, viva el rio/sangre/tierra de tu existencia en mis venas.
Sea en mis sueños que te vuelva a ver, que seas grandiosa,
viva, verde, oscura, azul, brillante, blanca, amarilla en tu atardecer.
Tus días lejanos sean mis noches oníricas, volveré algún
día.
- Nathaniel -
martes, 19 de junio de 2012
Retorno a la Selva
Desde una mesita de descanso, el capitán seguia bebiendo el té mientras su segundo de abordo hacia el trabajo de embarque.
La brisa acariciaba los mástiles, se abría paso entre tablas, cuerdas y hombres para ir y venir a su antojo hacia el grisáceo paisaje.
Era cierto, el clima antojaba tormenta, deseoso de caer en picada sobre las cabezas, ondular las mareas y azotar cuanto fuera posible. el capitán sonreía.
Las rutas estaban marcadas, hacia el sur , siempre hacia al sur, lejos de la ciudad, lejos de todo lo habitual en el camino. La selva tropical era buen motivo de viaje, un paraíso entero, que si bien tenía ahora rastros "civilizados", aún poseía su propio latido, una voz contrariante al ambiente uraño y urbano, un aroma cálido, húmedo y fresco.
Una parte es ver monumentos ancestrales, recuerdos de un mundo ahora perdido en la memoria humana, reconocible entre las miradas oníricas, reconstruida por expertos en cientos de libros e investigaciones. Aventureros que han encontrado riqueza a sus ojos, autóctonos que protegen la vida de la selva.
Por otro lado, es el deseo de lejanía, de encontrar refugio en la selva, en el sonido que habita más allá de toda cantera, roca y pavimento. Un sitio que represente lo sagrado, lo místico, que renueve el interior, purgue la falta de asombro o emoción y de paso a algo más real, vivo como la tierra, los rios, las cascadas, templos, animales, árboles.
Paz, paz en el interior, que las aguas se calmen y dejen atras la tormentosa noche. Tranquilidad de una tierra húmeda y selvática.
Después de tres años, pisar nuevamente las tierras de los Mayas, visitar la ciudad de K'inich Janaab' Pakal, la tumba de la Reina Roja. En las altas montañas ver el Lugar de los Murcielagos, el ojo de agua en Chamula, Piedras Verdes, Agua Azul y siete colores en las lagunas.
Volver a la Selva.
domingo, 20 de mayo de 2012
Un reino que no existe
Destellando a lo lejos, vienen las memorias de algún viajero que ha atravesado
los mares estelares.
Desde las nebulosas hasta Sirius, dio vuelta en “u” cuando
pasó por Alfa Centauri y dio vuelta nuevamente para alejarse de la vía láctea.
El viajero escribió un libro y lo dejó atrás, olvidado en
alguna biblioteca en las afueras de Marte. Lo encontró mi abuelo y lo trajo a
casa creyendo que algún día podría descifrar
sus inescrutables secretos, pero la abuela lo tomó y lo dejó acomodado en el desván
para limpiar la casa.
Pasaron los años hasta que, buscando un diccionario,
encontré el libro del viajero más allá de la estratosfera. Creí escuchar un trueno al
abrirlo y lo lleve a casa para conocerlo.
Tras constantes movimientos de rotación y traslación del
planeta, fue creciendo mi imperioso deseo por comprender dicho ejemplar, pero las palabras
se escondían, lejos de toda luz y explicación, logrando que por la desesperación,
arrojara el volumen interestelar bajo la cama.
Al anochecer, una luz ensordecedora me despertó y bajo la
cama, el libro había cobrado vida y cantaba la historia del viajero.
“Es una idea fantástica, verte a través de ojos que no son
míos, como los cuentos que se leen para niños, riendo tras la pintura, caminas
entre sombras y te muestras a la luz con más de mil formas”.
Cada noche volvía bajo la cama, y volvía a escuchar el canto
del viajero envuelto en luces e imágenes.
“Nunca has existido, y sin embargo ahí estas, delirante
entra en la mañana y la tarde, danzando en estelas del cosmos, ritmos de
galaxias que se expanden en las mentes delirantes tras libros y estanterías”.
Pasaba las páginas mientras construía mi propia nave. Ahora
que el mundo giraba tan rápido, podía viajar más allá de los cielos azules.
“Desde ahí suspiras, entre la onírica taciturna en formas de
lunas y mostrándole con el brillo de los astros indómitos”.
Finalmente, el día que dejé a tras mi propio mundo con el
libro en manos llegó.
Y dirigí mi nave hacia el cosmos.
Pregunté en Marte sobre el viajero y la editorial que haya
creado el libro y me dieron la dirección del otro lado de la galaxia.
Puse dirección hacia las nebulosas y la bifurcación más allá
de Alfa Centauri, seguí el cometa que transitaba en dirección a un si marchito
y di vuelta en “u” para volverme hacia Sirius, el gigantesco.
Los vientos solares me llevaron en un sinfín de direcciones,
me alejé de agujeros negros y súper novas, llevando mi embarcación más allá de las
ruinas de planetas desérticos hasta que llegué al sitio.
El viajero lo cantaba:
“Entre las ruinas de un mundo hecho arena, la plegaria de
los dragones y el canto de las sirenas”.
Frente a mí, un mundo que resplandecía, sus días eran
brillantes y coloridos. Las noches eran sobrecogedoras, una neblina sulfuran te
de colores lilas y verdosos se movía, brillante y con vida con el rostro oscuro
de tan lejano planeta.
El libro no cantaba ahora, parecía estar expectante a lo que ahí encontraría, y me acompaño
mientras bajaba a la superficie del planeta, estuvo a mi lado al momento de
poner un pie en el suelo del planeta desconocido y parecía suspirar al llegar frente al primer
gran fortaleza.
Alcé la mano para empujar el portón, y el libro cantó:
“Una ciudad sin polvo, resplandeciente como la plata y tan oscura
como un bosque tenebroso”.
Y en su interior, los seres de otra época, viviendo lejos de
toda civilización. Observando
través de sus ojos llenos de curiosidad,
me invitaron pasar, a comer y beber,
dormir y soñar, dejar pasar los eones de ida y en inversa en vórtices atemporales.
Miles de cuentos e ilusiones hechos una impresionantes
ciudad-mundo que cubría cada bosque, puerto, playa. Fortaleza de sueños y resguardo
de ilusiones.
Conocí al viajero (A) Ventura, y a su amada princesa (fanta)
Sía, y ví el esplendor de su reino.
Cuanto veía y escuchaba, lo cantaba y lo acompañaba, dejando
todo en el libro.
“Recuerdo la rima de las hadas, donde los seres del mar,
trolls, lobos y mantícoras buscaban la luz de Tirrlian”.
Escribí mi último verso antes de arrojar el libro a la
cabina de la nave y enviarla de vuelta, rumbo a Sirius, dejando a tras los
planetas en ruinas, dando vuelta en “u” y pasando por Alfa Centauri. Tras las
nebulosas y los viajes, llegaría hasta la biblioteca de Marte y se estrellaría
cerca, con la esperanza de ser alzado nuevamente entre los estantes y darle
nueva esperanza a aquel que entornara los ojos hacia su cubierta, que construyera su propia embarcación y viajara buscando.
“Y un mundo más allá de este cosmos se alza, donde aún
reinan la Aventura y la Fantasía”
miércoles, 16 de mayo de 2012
Monstruos bajo la cama.
La redacción de un texto, muchas
veces puede confundirse con el puro hecho de poner una idea, darle un aspecto
revoltoso o mítico y hacerla pasar por un gran ejercicio de escritura, sin
embargo es justo ahí donde el trabajo editorial comienza.
Pues no solo es que el texto esté
puesto en tinta, son que debe cumplir con varias expectativas, tener un alto
nivel de exigencia o calidad, así como finura o refinado en la propia manera en
que es redactado.
Cuando el humano deja el texto recién
escrito bajo su cama, muchas veces parece atraer a criaturitas curiosas que
juguetean con las letras, tratan de darle luz y magia. El caso se ha dado entre
pixies y hadas, que revolotean entre los renglones,
juegan a tomar el té con los signos de puntuación dejan marcas de sus pies y manos por todos
lados.
Los segundos en llegar son los duendes,
aún creen que cada texto que contengan las palabras: magia, bosques, sueños o tesoroes, pueden forjar nuevamente
calderos llenos de oro y riquezas, cuando
en realidad llenan de mordidas las hojas y muchas veces las usan pare encender
los altos hornos que tienen en sus casas.
Quien hayan visto esto, sabe que
su texto ha desaparecido y no lo
encuentran por mucho que busque.
Pero el trabajo mágico, tenebroso
o desconocido de una edición de textos, la hacen los monstruos.
Es en la madrugada cuando esos
autores despiertan, siguen revolcándose en su cama o tan solo se quedan
meditando viendo al vacío. La idea viene a su mente y registran todo esa
desembocadura en tinta, notas al pie de las páginas del último libro leído, notas
atrás, al reverso y anverso de la libreta, hojas o servilletas abandonadas a su
suerte cuando por fin el arenero hace su trabajo y deja en amplios campos
oníricos al autor.
El trabajo del monstruo comienza,
devora las letras, muele los huesos de la estructura, la gramática se segrega a
sí misma, todo es cuestión de recrear el texto.
Los cuernos de algunos monstruos
tienen la función de ser receptores (semejantes a las antenas), así pueden
recibir parte de los pensamientos y emociones del escritor (al fin y al cabo,
está dormido y no recuerda del todo lo que ha escrito ya).
Las letras muchas veces pueden causar
indigestión, pero en realidad tiene que ver con el papel.
Tras la ingesta, los monstruos
reescriben, copiando la letra, palabras y estilo del autor, crean con polillas
inversas nuevas hojas de papel, o cartón o servilletas y reescriben de forma
coordinada, ordenada y concreta las ideas del autor. Por muy estrafalaria que
sea la idea, el cuerpo de monstro lo readapta y deja en perfecto estado para
que el autor lo encuentre por la mañana.
Tras varias horas y cercano el
amanecer, el monstruo vuelve a su dimensión bajo la cama, dejando el trabajo
listo.
El pago, son solo pesadillas,
libros, esas molestas suegras, los pares de calcetas, y sandalias nuevas…
claro, solo comiendo una sandalia de cada par para evitar sospechas. Ocasionalmente
se aceptan galletas junto con un vaso de leche.
Finalmente he de decir que si
vuestra merced de redacción pide nuestros servicios, no dude en dejar sus
notas, escritos, cartas de amor u homicidas, auditorias y desbarajustes bajo la
cama. Por nada del mundo las deje bajo la almohada, cerca del closet ni mucho
menos en el árbol de navidad.
Atte.
Colmillo de Marfil Torcido,
Editor en jefe, cabecilla de los monstruos hueso largos y marfil azorado.
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